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Programar sin repetirnos

Érase una vez, cuando un catálogo comienza a crecer y la pregunta deja de ser qué publicar y pasa a ser cómo no repetirse. No repetir gestos, no repetir tonos, no repetir la comodidad de aquello que ya sabemos hacer bien. Programar un semestre es enfrentarse a esa pregunta con decisiones irreversibles. No es una lista de libros. Es una toma de posición. Cada título que entra obliga a otro a salir, cada voz ilumina y oscurece otras posibles. Editar, al final, no es acumular sino ordenar una conversación como si de un LP se tratase decidiendo hasta el orden correcto y qué temas tendrán single y cuáles se irán a la Cara B.

Este semestre lo hemos trabajado desde una tensión muy concreta: cómo sostener una identidad sin convertirla en fórmula.

Bunker Books nació con una intuición clara —publicar libros que incomodan, que se sitúan en zonas de fricción, que no aceptan del todo el lugar que se les asigna—, pero esta intuición con el tiempo puede volverse gesto. Y cuando un gesto se repite, deja de ser riesgo y pasa a ser estilo. El estilo tranquiliza; el riesgo no. Por eso, al pensar la programación de estos meses, nos hemos impuesto una regla incómoda: ningún libro debe parecer una continuación del anterior, aunque dialoguen entre sí. El catálogo debe leerse como un campo de tensiones, no como una línea recta.

Esta tensión atraviesa libros muy distintos.

En la escritura de Charles Williams aparece una intimidad que no se deja encerrar en lo privado y que a veces se vuelve incómoda incluso para quien la lee. Monica Drake trabaja desde otro lugar: una ficción que avanza por acumulación y desvío, donde lo importante suele pasar en los márgenes. Burhan Sömnez introduce una relación con la lengua que no busca estabilidad, sino resistencia, haciendo de la memoria un terreno movedizo. Y Philippe Claudel reaparece con una voz que no se conforma con narrar el daño, sino que lo pone a prueba obligando a preguntarnos desde dónde se puede contar una historia cuando el peso de lo vivido desborda a quien la cuenta.

No los pensamos como una serie, pero sí como una conversación. Ninguno se parece al anterior, y sin embargo se leen mejor juntos. No porque confirmen una identidad, sino porque la ponen en riesgo. También hemos pensado el semestre como una sucesión de ritmos; no todo puede ser intensidad, no todo puede ser ruptura. Hay libros que abren, otros que sostienen, otros que cierran.

La programación no es solo qué se publica, sino en qué orden se le pide al lector que acompañe.

Publicaremos menos libros de los que podríamos. A propósito. Porque cada uno necesita espacio para respirar, para ser leído, para encontrar a quien lo estaba esperando sin saberlo. Preferimos avanzar despacio antes que pasar por encima de los propios libros.


Y ahora, la parte que no suele escribirse

Este texto deja fuera muchas cosas: dudas, discusiones, cambios de opinión, decisiones que no se ven en un catálogo. Todo eso —lo que no cabe en una entrada pública, lo que ocurre mientras se edita— es lo que hemos decidido empezar a contar en el newsletter.

Allí no hablaremos de programación. Escribiremos desde el proceso, desde los desvíos, desde lo que todavía está en movimiento.

Si te interesa acompañar esa trastienda seguimos escribiendo desde allí.