Hay algo que nadie te explica antes de montar una editorial, y es que acabas sabiendo (con una precisión que no le interesa a nadie) cuánto cuesta alojarse en Madrid cuando media ciudad ha decidido hacer planes el mismo fin de semana: Fórmula 1, Aitana, Billy Corgan, LAP57 Madrid Race Week, The Black Keys… y las fiestas de Ciudad Lineal. A finales de junio tan solo pensábamos en Jente Posthuma, que vive en los Países Bajos y que sin saberlo se había convertido en el origen de una pequeña operación logística que nos iba a ocupar buena parte del verano. Su novela Gente sin presencia salía el 2 de septiembre y a los compañeros del Back to the Book les pareció interesante contar con ella.
Traer a Jente a Madrid parecía razonable. Escrito así suena sencillo y en junio también lo parecía pero, claro, si una autora viaja desde los Países Bajos no puedes limitarte a recogerla en el aeropuerto, subirla cincuenta minutos a un escenario y devolverla a su país como un paquete con la dirección mal puesta. Así que empezamos a montar cosas alrededor: con Mujeres & Compañía (gracias, Miren) organizamos un encuentro con lectoras, algo pequeño, una conversación real sobre el libro con algunas prescriptoras invitadas; y luego pensamos en juntarla con libreros: un desayuno sin demasiada ceremonia, café, algo de comer, y tiempo para hablar sin micrófono ni mirar el reloj.

Hete aquí, que el problema de organizar arrancando julio un desayuno de septiembre es que en medio está agosto. Esa época en la que todo el mundo sigue vivo, oficialmente, pero cuesta demostrarlo por correo. Y septiembre, para los libreros, tampoco ayuda demasiado porque están recién aterrizados de las vacaciones y les esperan cajas, devoluciones, novedades, pedidos, y unas cuantas editoriales que han tenido la misma idea que nosotros: «Hola, ya estamos aquí, tenemos un libro estupendo, ¿le prestas un rato de atención?».
Total, que había que dejarlo todo atado antes del verano para empezar a molestar a la gente en cuanto volviera y, mientras tanto, nos hacía falta intérprete para tres citas distintas, cuadrar agendas, pensar en prensa, encontrar alojamiento. Ahí dejamos de ser editores un rato y nos convertimos en una agencia de viajes bastante mediocre porque el fin de semana elegido para Jente no lo habíamos escogido solo nosotros… ¿he mencionado ya la Fórmula 1, un festival de música electrónica y un puñado de conciertos? Los hoteles sí se acordaban de todo, sobre todo a la hora de fijar precios… dinámicos.

Después de buscar un rato largo, recordamos el Bastardo Hostel (tranquilos, que tiene suites y Jente no compartirá literas con cuatro mochileros alemanes) y, a sabiendas de la interesante deriva cultural del lugar, decidimos convertirlo en nuestro cuartel general: duerme la autora, desayunamos con los libreros, y si hace falta atendemos alguna entrevista en las zonas comunes. Hasta aquí, iba todo razonablemente bien. Esa frase, parafraseando a Murphy, suele ser el preludio de algo. A finales de junio ya teníamos cerrado quién acompañaría a Jente en la charla de Back to the Book: periodista, le habían dado un Nadal, pensamos que por temática podría surgir una conversación interesante. Pues eso, agenda cuadrada, nombre confirmado. Una preocupación menos, decían… si quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes.
Y diez días antes del encuentro nos llega un correo: al final no puede venir.
Lo leemos. Lo volvemos a leer. No contestamos enseguida. A veces es necesaria una respuesta inmediata y hay ocasiones en las que conviene darles unas horas, o unos días, el tiempo que haga falta para que se te pase la respuesta que escribirías en caliente. Este, obvio, es de los segundos. El correo espera pero el festival no. El escenario en Matadero sigue ahí, la hora reservada sigue ahí, Jente sigue con su vuelo comprado y nosotros de nuevo con una casilla vacía en una Excel que llevaba tres meses completa.

Ahí empezó la fase muy conocida en este oficio de tocar puertas. ¿Puedes tú? Me ha encantado el libro pero es demasiado duro (lo es) y me toca muy de cerca. ¿Conoces a alguien? Toma este par de números. ¿Y esta persona? Estoy en Brasil pero te deseo suerte. ¿Y aquella otra? Tengo que preparar otro evento en el festi y no me da la vida. Gracias, perdona la urgencia, ya sé que avisamos con diez días, nosotros tampoco teníamos pensado avisar con diez días; era un tema cerrado a finales de junio. Al final apareció Clara Nuño que es periodista y acaba de publicar su primer libro, Las niñas bonitas no pagan dinero en Aguilar. Le contamos la situación, habló con nosotros y dijo que sí. El sábado estará con Jente en Matadero el problema resuelto. Probablemente. Porque todavía es domingo en el momento en que redactamos estas líneas y Jente llega el jueves… aún puede pasar de todo.
Para entonces llevaremos casi tres meses preparando una visita de cuatro días con decenas de correos, comparativas de hoteles, búsqueda de intérprete, lectores convocados, libreros perseguidos nada más aterrizar de agosto, periodistas, un desayuno organizado, una mesa reorganizada, y unos cuantos conocimientos sobre la ocupación hotelera de Madrid que esperamos olvidar pronto. Todo para que el jueves, cuando llegue Jente, parezca sencillo.
Y seguramente lo parecerá. Esa es la idea, más o menos.
El jueves, encuentro con lectoras en Mujeres & Compañía. El viernes, desayuno con libreros. Habrá prensa. El sábado, Back to the Book, hablando de Gente sin presencia. Y entremedias comeremos e iremos de un sitio a otro y alguien llegará tarde y alguien llegará demasiado pronto y nosotros miraremos el móvil más veces de las que deberíamos. Con suerte, Jente no se enterará de la mitad y de la otra mitad ya nos reiremos con ella luego. Habemus habitación. Intérprete. Lectoras, libreros y festival. Volvemos a tener a alguien para hablar con Jente. Incluso tenemos a Jente.
Bueno, llega el jueves… ¿o no?